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Sentirse “Pobre”

Hace unos meses una encuesta hecha en Nueva York encontró que un amplio sector de la gente que tiene más de dos millones de dólares se siente pobre.

Algunos de los encuestados afirmaban que se sentían como de “clase media” y no podían explicar por qué si tenían trabajos altamente remunerados y ahorros superiores a la gran mayoría de la población se sentían de esa manera.

Casi puedo asegurar que lo mismo sucede en las calles de la Ciudad de México, Monterrey, o Barcelona. La gente se siente “miserable” entre sus riquezas.

¿Por qué sucede esto? Porque mucha gente vive concentrada en la vida idealizada que cree los demás tienen: ven que el vecino tiene un auto más nuevo, o una casa más grande o viajaron a un lugar más exótico que ellos y se sienten inferiores. Por supuesto, solamente son capaces de ver lo que ven, y no tienen idea de todo lo demás que pasa en la vida de esas personas.

No saben, por ejemplo, si detrás de esa vida de lujo hay deudas impagables o hay un matrimonio infeliz o lo que sea.

En lugar de ver qué es lo que no tienes tú que tiene el vecino y sentir envidia o –peor- sentirte inferior a él, agradece y aprecia lo que tienes y, si quieres tener más, trabaja para obtenerlo.

¿Qué mayor satisfacción que alcanzar una meta? ¿Qué mayor infelicidad que compararse siempre a los demás? 

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¿Cuál es la diferencia entre “Caro” y “Valioso”?

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Algunas  veces, cuando estamos decidiendo entre comprar o no comprar algún producto o servicio, decidimos no hacerlo porque “está muy caro”. Es probable que en tu cartera tengas dinero de sobra para comprar ese artículo, lo consideraste “caro” y no lo compraste.

Otras veces, en la misma situación, compras algo y cuando le dices a un amigo cuánto te costó, su respuesta puede ser “¡Está carísimo! ¡Yo no habría gastado XYZ en eso!”.  Aunque a tu amigo le parezca muy caro, a ti te pareció una excelente compra y estás satisfecho.

¿Cuál es la diferencia?

En ambos casos, usaste tu escala de valores para determinar lo que es importante.

Déjame te pongo un par de ejemplos.

Me disgusta mucho pagar por Valet Parking. Así sean menos de $100 pesos,  yo prefiero estacionarme unos cuantos metros más adelante que pagar ese dinero para que alguien estacione mi coche. Habrá quien diga que es muy barato y que es conveniente, pero para mí no lo es, por lo que prefiero no pagarlos.

Por otro lado, hace un par de meses pagué cerca de $6,000 pesos en una semana de pensión para mis perros. Habrá quien diga que estoy loco, pero para mí, mis perros son casi como mis hijos, por lo que no dudé esa cantidad a cambio de la tranquilidad de saber que los dejé en buenas manos.

Pero, mucho cuidado: No caigas en la trampa de que “necesitas” un automóvil de un millón de pesos para ir del Punto A al Punto B. Cuando estés tomando una decisión de compra, analiza qué es lo que estás comprando y si en realidad es importante para ti.

Cuando compras un auto de un millón de pesos (o una pensión canina por $6,000) estás satisfaciendo una necesidad emocional. Determina cuál es y entonces toma la decisión de comprarlo o no. Hay quien hace compras excesivas por venganza/despecho/enojo/soledad para, después de cierto tiempo, volver a caer a ese vacío. En esos casos, es más importante identificar esas emociones y buscar tratarlas que simplemente vaciar tus bolsillos con distractores emocionales.

Cuando lo “Malo” es “Bueno”

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Desde niños, aprendemos que aquello que nos hace sentir bien (alegría, dicha, etc.) es “bueno”, mientras que lo que nos hace sentir mal es “malo”.
Así, vivimos juzgando todo lo que pasa en nuestra vida bajo esa simple óptica.

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Lecciones de mi Papá (Parte 1)

Mi papá, hombre humilde y sabio, de quien estoy completamente agradecido por todo lo que me ha enseñado voluntaria e involuntariamente. Hay filosofías orientales que dicen que cada quién escoge a sus padres, para que enseñen las lecciones no aprendidas en vidas pasadas. Evidentemente, no tengo forma de saber si ese es el caso o no, pero estoy seguro que volvería a elegir a los míos (en otro post hablaré sobre las lecciones que ella me ha enseñado). Lee el resto de esta entrada

Miedo

El miedo es algo natural. Biológicamente, tiene sus orígenes desde los primeros seres que tuvieron algo parecido a un cerebro y cuya función era únicamente hacerlos huir de aquello que parecía les iba a hacer daño.

A pesar de los miles de años de evolución (y de que ya no tenemos que preocuparnos de que un animal nos coma en la noche), esa parte en nuestro cerebro sigue tan activa como en nuestros milenarios antepasados. Es la parte que paraliza a tantos con la sola idea de hablar en público, viajar en avión o intentar algo nuevo. Lee el resto de esta entrada

Enfocarse en lo Exterior

La cultura occidental tiene una tendencia a orientar todos los esfuerzos físicos y mentales en lograr un “mejor” exterior: se busca tener todo más grande: casa, sueldo, vehículo, negocio, etc. Sin embargo, entre tanto esfuerzo, nos olvidamos de la importancia de tener un mejor interior. Lee el resto de esta entrada

Al subir el cerro…

El “hiking” como le dicen los que saben al acto de subir un cerro (como le dicen los que no sabemos) puede ser un ejercicio muy interesante de autoconocimiento.

Hacía años que no lo hacía, la última vez fue la Peña de Bernal en Querétaro, hace al menos seis años. Hace unos días subí con un un par de amigos una de las Franklin Mountains, en el Paso (porque aquí los cerros se llaman montañas). Fue una experiencia que disfruté mucho y de la que aprendí bastante.

Aquí las lecciones.  Lee el resto de esta entrada

Hablar en Automático

Hablar en automático. Aquella práctica de responder a lo que crees que te están preguntando pero no estás seguro porque no escuchaste al que te preguntó. También se aplica cuando alguien te saluda y estás tan ocupado/distraído/estresado que contestas sin darte cuenta de qué fue lo que te dijeron. Así, contestas “biengracias” (así, junto) cuanto alguien te pregunta “¿cómo estás?”. Lee el resto de esta entrada

Entre el “Tener” y el Querer

Frecuentemente nos encontramos con decisiones que, incluso sin darnos cuenta, afectan la percepción que tenemos sobre nosotros mismos y la forma en que vivimos la vida.

Veamos algunos ejemplos.

Cuando tienes un trabajo que no te gusta y al que, sin embargo, no renuncias porque “tienes” que trabajar, cuando “tienes” que asistir a la fiesta de aquella persona a la que ni conoces -0 peor, te cae mal-, cuando “tienes” que vestirte de tal o cual forma, cuando “tienes” que casarte o tener hijos o cuando “tienes” que hacer X, Y o Z estás viviendo la vida de acuerdo a lo que los demás esperan de ti. Eso es un gran error. Lee el resto de esta entrada