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¿Qué harías con un millón de dólares?

Pagar deudas, viajar por el mundo, pagar la educación de los hijos, comprar una casa, un automóvil (mientras más lujoso, mejor)… Estas son sólo algunas de las respuestas más comunes.
¿Notas el punto en común en todas ellas?
Todas tienen una naturaleza efímera, que generan satisfacción por un tiempo para luego convertirse en simplemente parte de la vida.
El otro punto en común, quizá más importante, está en que todas hacen que ese millón se agote.
¿Porqué será que sin pocos los que contestan “convertirlo en dos, tres, diez millones de dólares? La respuesta está en la costumbre que todos tenemos de buscar la satisfacción inmediata, en vez de la duradera.
Y, mucho ojo, aunque no tengas un millón (todavía) este es un principio que te puede ayudar a construirlo. O, al menos, en pensar más a largo plazo.