Archivo de la categoría: Lecciones de Vida

La Solución Inmediata

Estoy seguro conoces la historia del ganso de los huevos de oro: Un granjero descubrió una mañana que su ganso había puesto un huevo de oro. Al día siguiente volvió a suceder. Y al día siguiente de nuevo.

Por varios días fue muy feliz recibiendo su nueva riqueza, pero llegó un día que el granjero decidió que un huevo de oro diario no lo iba a hacer rico rápidamente, por lo que mató al ganso para “sacárselos todos” y no tener que esperar para recibir uno cada día o trabajar por su cuenta para ganarse su propio oro.

¿Qué valoró el granjero? Para él fue más importante la posibilidad de riqueza inmediata que la certeza del “regalo” diario y, sobre todo, fue más importante que el deseo de trabajar todos los días para construir su riqueza por su propio esfuerzo.

Eso pasa todos los días: Buscamos una solución inmediata a nuestros problemas en lugar de detenernos a analizar lo que los causa. Por eso los libros de “autoayuda” son tan exitosos: Todos quieren el “secreto” para tener una vida feliz, las 10 maneras de lograr un matrimonio exitoso, los 5 consejos que harán que sus hijos sean felices. Y los libros, conferencias, y demás ayudan, pero sólo por un tiempo.

¿Cuál es la alternativa?

Detenernos y analizar. Analizar lo que es verdaderamente importante para nosotros y lo que nos va a ayudar a ser mejores. Revisar quiénes en nuestra vida son “amistades” y quiénes son verdaderos amigos. Construir una filosofía de vida y vivirla.
La solución inmediata no existe, y si la hubiera estoy seguro nadie la valoraría (¿cuántos valoran lo que es “obvio” en su vida, comenzando por su propia vida?). Lo que sí existe es el trabajo diario, el esfuerzo, el verdadero deseo de crecer. Todos lo tenemos, pero muchos tienen que despertar ese deseo que se les ha adormilado.

¿Es esto fácil? No. De hecho, es muy difícil. Pero vale la pena.

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Sentirse “Pobre”

Hace unos meses una encuesta hecha en Nueva York encontró que un amplio sector de la gente que tiene más de dos millones de dólares se siente pobre.

Algunos de los encuestados afirmaban que se sentían como de “clase media” y no podían explicar por qué si tenían trabajos altamente remunerados y ahorros superiores a la gran mayoría de la población se sentían de esa manera.

Casi puedo asegurar que lo mismo sucede en las calles de la Ciudad de México, Monterrey, o Barcelona. La gente se siente “miserable” entre sus riquezas.

¿Por qué sucede esto? Porque mucha gente vive concentrada en la vida idealizada que cree los demás tienen: ven que el vecino tiene un auto más nuevo, o una casa más grande o viajaron a un lugar más exótico que ellos y se sienten inferiores. Por supuesto, solamente son capaces de ver lo que ven, y no tienen idea de todo lo demás que pasa en la vida de esas personas.

No saben, por ejemplo, si detrás de esa vida de lujo hay deudas impagables o hay un matrimonio infeliz o lo que sea.

En lugar de ver qué es lo que no tienes tú que tiene el vecino y sentir envidia o –peor- sentirte inferior a él, agradece y aprecia lo que tienes y, si quieres tener más, trabaja para obtenerlo.

¿Qué mayor satisfacción que alcanzar una meta? ¿Qué mayor infelicidad que compararse siempre a los demás? 

¿Qué harías con un millón de dólares?

Pagar deudas, viajar por el mundo, pagar la educación de los hijos, comprar una casa, un automóvil (mientras más lujoso, mejor)… Estas son sólo algunas de las respuestas más comunes.
¿Notas el punto en común en todas ellas?
Todas tienen una naturaleza efímera, que generan satisfacción por un tiempo para luego convertirse en simplemente parte de la vida.
El otro punto en común, quizá más importante, está en que todas hacen que ese millón se agote.
¿Porqué será que sin pocos los que contestan “convertirlo en dos, tres, diez millones de dólares? La respuesta está en la costumbre que todos tenemos de buscar la satisfacción inmediata, en vez de la duradera.
Y, mucho ojo, aunque no tengas un millón (todavía) este es un principio que te puede ayudar a construirlo. O, al menos, en pensar más a largo plazo.

El Repartidor de Abrazos

Hace unos días visité la Ciudad de México. Comí tanto como no lo había hecho en mucho tiempo: flautas, tlacoyos callejeros (de maíz verde y requesón), sopes, tostadas, tacos al pastor, pozole casero y otras delicias más que simplemente no se encuentran en los rumbos fronterizos en que vivo. Lee el resto de esta entrada

31 de Diciembre

Día para agradecer, para reflexionar, para cerrar ciclos, para soñar y para planear.

Para agradecer que lo terminamos vivos, y con muchas bendiciones, regalos, aprendizajes, alegrías, tristezas y demás. Aprendamos a agradecer por todo lo que sucede en nuestras vidas.

Para reflexionar sobre lo “malo” que sucedió y encontrarle lo positivo. Estoy seguro que eso que ahora consideras “malo” en unos años sólo será una memoria y un escalón para un mejor tú.

Para cerrar ciclos y dejar atrás ideas que no nos dejan avanzar, para levantar las anclas que nos amarran al pasado y que nos impiden avanzar a lo que queremos lograr.

Para soñar sobre lo que quieres lograr, sobre cómo vas a construir tu destino en 2013 y para convertirlo, desde hoy, en el mejor año hasta ahora.

Para planear en cómo vas a realizar tus sueños. En cómo esos sueños serán convertidos en metas, en objetivos y cómo, día a día, los harás realidad. Recuerda que todo, absolutamente todo, lo que vale la pena toma tiempo, esfuerzo y trabajo.

¡Feliz 2013!

Fascinación

¿Te has puesto a pensar sobre lo maravilloso de los tiempos en que estamos viviendo?

Sí, probablemente suena cursi, pero estamos en una época en la que ahora es de lo más normal hacer cosas que tan sólo 10 años parecían inalcanzables. Que hace 50 habrían parecido salidas de un libro de ciencia ficción, y que hace 100 podrías haber sido llamado loco (o peor) por tan sólo explicar alguna de las maravillas con las que convivimos día con día.

Incredible Bokeh

Vivimos en Tiempos Increíbles (Photo credit: JD Hancock)

¿Recibir agua limpia al instante con el mero giro de una llave? ¿Que esa agua esté a la temperatura que tú gustes? Lo hacemos todos los días.

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Popularidad y Etiquetas

English: A label made with Dymo brand embossin...

Etiquetas, Etiquetas (Photo credit: Wikipedia)

Las revistas más populares (no sólo en México) son las de chismes y variedades. La gente compra los libros que les dicen son los “más vendidos” (perpetuando ese ciclo) y los discos del “Top 100”.  Dada nuestra naturaleza social, nos gusta saber qué es lo “aprobado” por el grupo (o grupos) al que pertenecemos.

Esto, por supuesto, da una cierta seguridad: sabemos que si se usa X o Y marca de ropa o si se conduce A o B marca de automóvil (por ejemplo), el grupo seguirá funcionando en “armonía” y el individuo se sentirá en “su espacio”.

Lo mismo sucede con los medios de comunicación (y prácticamente con cualquier otro objeto, costumbre e incluso ideología). Si alguien lee, por ejemplo, el periódico “La Jornada” en México, esa persona recibe -casi de manera automática- una serie de etiquetas; etiquetas que, por cierto, dependen del individuo que las otorga.

Así, vivimos etiquetando y siendo etiquetados. Clasificando. Dando “orden” al aparente caos.  Juzgando y siendo juzgados.

Estos juicios alteran la realidad.

Bien dice el dicho: “mata un perro y te dirán mataperros”. Un instante puede cambiar la percepción sobre una persona o -en términos mercadológicos- una marca.

El reto, creo, no es buscar mejores etiquetas, o dar siempre juicios positivos. El reto es aprender a vivir sin juzgar, sin etiquetar. Las cosas no son buenas o malas, simplemente son. La gente no es buena o mala, simplemente es. El clima no es bueno o malo, simplemente es.

 

El Absurdo del “Sin Sacrificio”

Lo confieso. En los últimos meses he subido de peso. Pasé de usar talla 34 de pantalón (que usé por años), a 36 y las últimas semanas me acerco peligrosamente a la talla 38. Además de la talla, el momento más impactante para mi fue cuando vi una foto donde la conocida “panza de señor” se empezaba a hacer visible.  Lee el resto de esta entrada

Tu Vida Necesita Más Idiotas

Hace  unos días escribí porqué el mundo necesita más idiotas. La realidad es que todos necesitamos más idiotas en nuestras vidas.

Como el idiota que se cambia de carril inesperadamente cuando vas en la carretera.

Como el idiota que se le ocurrió llegar tarde a la junta y retrasó tu día.

Como el idiota que se le olvidó que querías tu ensalada con el aderezo a un lado, no encima.

Como el idiota que te gritó hasta de lo que va a morir tu madre y arruinó tu mañana perfecta.

Como el idiota que se acaba el café de la cafetera y no hace una nueva.

Como el idiota que insiste en todos los días eso que te molesta tanto.

Quizá te estés preguntando “¿y para qué quiero a más gente como esa, si sólo son fuente de molestia?”

Los necesitas para que te des cuenta de que la única persona que debería tener poder sobre tu vida eres tú mismo(a). Los necesitas para que crezcas personalmente. En esencia, todos esos idiotas, son maestros para que corrijas los males que te impiden desarrollarte.

Por eso necesitas más idiotas. Lo curioso es, que cuando cambias esa óptica, dejan de ser idiotas y se convierten en los sabios que necesitas en tu vida.

Comodidad

Me llama mucho la atención cómo se comporta “un mexicano” (por no decir extranjero) cuando viene a Estados Unidos:
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