La Solución Inmediata

Estoy seguro conoces la historia del ganso de los huevos de oro: Un granjero descubrió una mañana que su ganso había puesto un huevo de oro. Al día siguiente volvió a suceder. Y al día siguiente de nuevo.

Por varios días fue muy feliz recibiendo su nueva riqueza, pero llegó un día que el granjero decidió que un huevo de oro diario no lo iba a hacer rico rápidamente, por lo que mató al ganso para “sacárselos todos” y no tener que esperar para recibir uno cada día o trabajar por su cuenta para ganarse su propio oro.

¿Qué valoró el granjero? Para él fue más importante la posibilidad de riqueza inmediata que la certeza del “regalo” diario y, sobre todo, fue más importante que el deseo de trabajar todos los días para construir su riqueza por su propio esfuerzo.

Eso pasa todos los días: Buscamos una solución inmediata a nuestros problemas en lugar de detenernos a analizar lo que los causa. Por eso los libros de “autoayuda” son tan exitosos: Todos quieren el “secreto” para tener una vida feliz, las 10 maneras de lograr un matrimonio exitoso, los 5 consejos que harán que sus hijos sean felices. Y los libros, conferencias, y demás ayudan, pero sólo por un tiempo.

¿Cuál es la alternativa?

Detenernos y analizar. Analizar lo que es verdaderamente importante para nosotros y lo que nos va a ayudar a ser mejores. Revisar quiénes en nuestra vida son “amistades” y quiénes son verdaderos amigos. Construir una filosofía de vida y vivirla.
La solución inmediata no existe, y si la hubiera estoy seguro nadie la valoraría (¿cuántos valoran lo que es “obvio” en su vida, comenzando por su propia vida?). Lo que sí existe es el trabajo diario, el esfuerzo, el verdadero deseo de crecer. Todos lo tenemos, pero muchos tienen que despertar ese deseo que se les ha adormilado.

¿Es esto fácil? No. De hecho, es muy difícil. Pero vale la pena.

Publicado el 10/02/2013 en Lecciones de Vida y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Y es que en esta época trabajar parece que es de tontos, solo basta con ver a nuestro alrededor y ver la admiración que causa el vecino delincuente que ha adquirido su auto del año. Muchos como padres de familia condenan la delincuencia ante sus hijos, pero ante los mismos se admiran de lo que el delincuente logra con sus atracos, ya lo diria Orwell en 1984, es “doblepensar”.

    Ya para muchos el enriquecimiento es signo de admiración no importando la procedencia de tal fortuna.

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