El Absurdo del “Sin Sacrificio”

Lo confieso. En los últimos meses he subido de peso. Pasé de usar talla 34 de pantalón (que usé por años), a 36 y las últimas semanas me acerco peligrosamente a la talla 38. Además de la talla, el momento más impactante para mi fue cuando vi una foto donde la conocida “panza de señor” se empezaba a hacer visible. 

¿Porqué pasó esto? Pienso que por que empezaba a caer en la comodidad (en este post discutí el tema) y mi cuerpo así lo empezaba a reflejar.

¿Qué estoy haciendo al respecto? Lo más obvio: comer menos y moverme más. Y es aquí donde entra el “sacrificio”.

Para mi, un sacrificio es cambiar algo que valoras, por algo que valoras menos. En efecto, es una “transacción” en la que el “sacrificado” pierde algo que es importante para él (ella). Sin embargo, la industria de las “dietas” y del ejercicio por lo general pintan la imagen de que hacer una dieta es un sacrificio. Tan sólo en Google se pueden encontrar miles de resultados con sugerencias para bajar de peso “sin sacrificio“.

Eso es un total absurdo.

English: A chocolate cake decorated with icing...

¿Porqué?

Porque implica que, por ejemplo, comer la barra de chocolate o el litro de helado es más importante que el bajar de peso. ¿Lo es?

¿En realidad es más importante para una persona la satisfacción inmediata de un litro de helado que el bajar de peso en unas semanas (o meses)?

Lo dudo mucho. El problema, es que nos hemos acostumbrado a eso, la satisfacción inmediata. La respuesta instantánea a nuestros problemas.

Por ejemplo. Hace 100 años, una carta tardaba meses en cruzar el oceáno. Hace 30, quizá una semana. Hoy, tarda un instante enviar un correo electrónico o 48 horas a través de un servicio de paquetería. ¿Qué sigue? ¿Recibirlo ayer?

Lo mismo pasa con las “dietas”. La industria promete “perder los kilos de más” en pocos días si la persona se toma jugos “milagrosos”, si se baña con un jabón especial o si se toma las pastillas del más reciente ingrediente de moda. Nada de eso sirve, por supuesto, más que para llenar los bolsillos de las empresas que las promueven y para vaciar las esperanzas de aquellos que “ninguna dieta les sirve”.

Bajar de peso no es un sacrificio. Dejar de comer chocolate tampoco lo es. Por ejemplo, en mi caso, mi debilidad es el pan (de cualquier tipo). No era raro para mi comer varias piezas de pan en el desayuno (costumbre que aprendí en la infancia) o en la cena. Sin embargo, no se imaginan la satisfacción tan grande cuando hace un par de días en un restaurante pusieron la canasta de pan en la mesa y decidí no comerlo, a pesar de que lo tenía enfrente. O el gusto de ir a un lugar popular por sus “pancakes” (IHOP) y no pedir mi pan francés favorito.

Bajar de peso no es un sacrificio. Al contrario. Es un proceso del que se gana más que los kilos que se pierden. Se gana seguridad, se gana decisión, se gana pensar en el largo plazo.

Por lo pronto, este viaje lo inicié hace menos de una semana. Y ya empiezo a ver los resultados (no sólo físicos, sino en mi comportamiento y otros aspectos en mi vida). Ya les contaré en unas semanas cómo va todo.

Publicado el 07/05/2012 en Lecciones de Vida y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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