El Salario Mínimo… ¿Injusto?

En más de una ocasión he escuchado a líderes sindicales, políticos (sobre todo de izquierda), y algunos comentaristas en medios hablar de la injusticia del salario mínimo y de la “necesidad inalienable” de duplicarlo, incluso triplicarlo. Estas actitudes populistas no sirven para nada y perjudicarían más que beneficiar a los trabajadores.

Pero primero lo primero. Las regulaciones sobre el salario mínimo tiene sus orígenes en Nueva Zelanda y Australia y surgieron ante las constantes presiones de los trabajadores de varias industrias que consideraban su paga injusta.

Existen varias formas en que se regulan los salarios mínimos: en algunas regiones de Estados Unidos, este se determina de acuerdo a lineamientos sindicales, que establecen el monto mínimo que debe percibir un trabajador sindicalizado; mientras en otras regiones del mundo (como México) se crean comisiones tripartitas (gobierno, empresas y trabajadores) para negociar el aumento anual al salario mínimo.

Pero hay un tema que siempre se olvida (convenientemente) en esta discusión: el salario no es más que el precio que trabajadores y empresas acuerdan pagar por un trabajo realizado y como todos los precios, el salario está afectado por la oferta y la demanda.

Veamos las reglas básicas de la oferta y la demanda:

  • Si hay más vacantes que postulantes (es decir, más oferta que demanda): los salarios tienden a subir, porque las empresas y personas están dispuestas a pagar más por alguien que tiene un conjunto de cualidades que pocas personas poseen. Ejemplo extremo: Un médico especialista en cáncer del cerebro. Ejemplo no tan extremo: Un ingeniero bilingüe que maneje Ruby on Rails o CSS. Ejemplo cotidiano: Un extraordinario bartender, que ofrece un “espectáculo” por el manejo circense de las botellas al servir a sus clientes.
  • Si hay más postulantes que vacantes (es decir, más demanda que oferta): los salarios tienden a bajar, porque las empresas tienen la facilidad de seleccionar a sus contratados entre cientos de aspirantes. Ejemplos: Un licenciado recién egresado, un mesero sin experiencia o un trabajador de McDonald’s.
Entonces, parecería que si se duplica el salario mínimo se mejoraría el ingreso de esos cientos de aspirantes, ¿no? ¿Qué tiene de malo esa idea?
En primer lugar, el salario mínimo desmotiva la preparación académica. Me explico. Cualquier persona, independientemente de su nivel educativo, simplemente por aceptar un trabajo formal está obligada a recibir el salario mínimo. ¿Qué interés habría de estudiar más si el salario mínimo se duplicara?
En segundo lugar, incrementar el salario mínimo genera inflación. ¿Porqué? Por dos motivos: Primero, porque las empresas incrementarían sus costos de producción y se verían obligadas a traducir esos incrementos de costos en aumentos de precios. Segundo, porque la gente tendría más dinero para gastar, lo que incrementaría la demanda de productos, lo que eventualmente, generaría incrementos de precios.
En tercer lugar, incrementar el salario mínimo generaría desempleo. Imaginemos que por decreto gubernamental el salario mínimo se duplica. Quiere decir que lo que me costaba mantener dos empleados, ahora me va a costar mantener uno. ¿Cuál es la consecuencia lógica? Despido a un empleado y mantengo mis costos. Además, eso limitaría el acceso al mundo laboral a personas sin experiencia o capacitación: ¿porqué contratar a un “nuevo” que no sabe nada si por el mismo precio contrato a alguien con un poco más de experiencia?
Como vemos, el salario mínimo es solamente una trampa demagógica con la que buscan ganar votos y opiniones favorables y, en realidad, crea más problemas de los que se supone resolvería.
¿Cuál es la alternativa? Dejar de depender de la “fábrica”. Tener un sistema educativo que fomente la cultura emprendedora, en vez de un “papá” gobierno/empresa que resuelva los problemas económicos de la gente.
O, tú ¿qué opinas?
Sígueme en Twitter: @miguelggarcia

Publicado el 05/18/2011 en Economía y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 11 comentarios.

  1. Si entendemos la justicia como equidad siguiendo la corriente Rawlsiana de la teoría de la justicia o incluso si nos vamos a interpretaciones menos institucionalistas y mucho mas comparativas como las de Sen o Nossbaum se podría argumentar que si es injusto pues limita las capacidades de algunos de los sectores mas vulnerables el punto es que si aceptamos la existencia de un salario mínimo este tiene que crecer para poder satisfacer plenamente dichas capacidades y para fomentar el crecimiento, de otra forma el argumento mas correcto seria argumentar que no debería existir ningún salario mínimo y este debería fijarse por la productividad pero eso no es argumentado en el análisis por lo que es bastante incompleto.

    por el lado educativo es falso el argumento de que mayor salario mínimo disminuye el incentivo a estudiar por que hay que recordar que es meramente un precio referencial y siempre mayor educación estará relacionada con mayor productividad y a su vez un incremento en el pago al factor trabajo ( simplemente conforme incrementa el producto marginal este es igual al pago al mismo, microeconomía básica)

    Los costos elevados en el mercado laboral están mas relacionados a su estrecha regulación y poca flexibilidad ,no directamente relacionados al salario como podrás verificar en los distintos estudios del OIT

    En lo referente a los aspectos macro como la inflación y el desempleo la primera no tendría importancia si los incrementos siguen un incremento en la productividad incluso con la existencia de un salario mínimo.Cuestión que en México ha ocurrido como muestran las estadísticas de la OCDE donde México es de los países que mas ha crecido su productividad media y el desempleo depende ya que mayores salarios también implican un mayor consumo y frente a ese incremento de la demanda las empresas tienden a incrementar sus plantas laborales para hacerle frente o a invertir mas en bienes de capital ( depende del sector )

    Independientemente tu análisis es muy rudimentario ya que si bien criticas un punto valido que es los incrementos por decreto lo que tu propones es lo mas injusto e ineficiente de ambos mundos un salario que no crece solo ayuda a fortalecer las desigualdades entre deciles particularmente en los deciles 3 al 5 lo cual implicaría una violación directa ala condición Pigou-Dalton pues los salarios mínimos “congelados” representaría un política regresiva que incrementa la desigualdad ( dañaría la utilidad social en tu función de bienestar )

    Al final de cuentas lo ideal es que el salario refleje únicamente la productividad pero eso difícilmente ocurre en la realidad debido a fallas del mercado asimetrias de la información por lo que la existencia de un salario mínimo en algunos casos es una mejor política para construir una sociedad mas justa si bien no ideal.

    Antes de hacer juicios sobre la justicia o injusticia de algo te recomendaría tomar una postura mas objetiva y no hacer juicios posicionales.

    Saludos.

    • Hola Diego, agradezco tu comentario.
      Mis ejemplos están basados en pláticas con empresarios, dueños de negocios y personas de diversos niveles de ingreso tanto en México como Estados Unidos, no en estudios académicos, de los que declaro mi total ignorancia por no ser mi área de especialidad.
      En Texas el salario mínimo se incrementó en 2009 de poco más de $5 dólares a $7.25 la hora. En esa región, el salario mínimo no es un precio referencial; es, en efecto, el salario mínimo que puede aspirar cualquier trabajador a partir de cierto rango de edad.
      Esa decisión causó despidos y retrasos en las contrataciones de personal.
      Hablando con empresarios y a la pregunta “qué harías si el salario mínimo se duplicara?” (aclaro, no fue un ejercicio para nada científico) fue el origen de lo que comento: se generarían más despidos y menos interés por contratar jóvenes, puesto que se les tendría que pagar aún más.
      En el caso de los jóvenes, sus respuestas iban más hacia el “busco trabajo”, en vez de “sigo estudiando”, bajo la óptica de la satisfacción inmediata.
      Pero en fin… Nuevamente gracias, y de eso se trata, de generar discusión.
      Saludos!

  2. claro y yo aplaudo que se discuta más y es natural ese punto de vista por el lado de los empresarios, sin embargo el problema en USA tiene un contexto muy particular que es la fuerte contracción en el consumo por la re-estructuración de los balances por parte del consumidor, naturalmente un aumento salarial en ese contexto lleva a que deseen contratar menos debido a que hay menor consumo y sus margenes de ganancia se achican, los inventarios se acumulan o se detiene la producción.

    tu observación es correcta pero el problema en si no es con que aumenten o no los salarios mínimos si no con que existan,pero lo que es incorrecto es que si existen no se les permita crecer conforme crezca la productividad, de la misma forma podría verse como un desincentivo a trabajar mejor que si un trabajador es más y más eficiente su salario no creciera.

    sigue escribiendo para que la conversación se engrandezca

  3. Los sostenedores del salario mínimo dicen que el trabajo es inherente a la dignidad de la persona humana y que, por ello, no es una mercancía y su retribución no debe quedar sujeta a la ley de la oferta y la demanda. (En otra ocasión me ocuparé de la “justicia” dentro del tema.)

    Analicemos este argumento.

    Si consideramos el trabajo del hombre en relación con su retribución en dinero, ¿qué otra cosa puede ser sino mercancía? Dentro de un sistema de intercambio de cosas y servicios, en el que el dinero es un símbolo de valor
    o un común denominador para facilitar las operaciones, solo podemos concebir cosas intercambiables, o sea mercancías. Si un hombre acepta trabajar por un jornal de $20.00 está cambiando su trabajo de un día, no por 20 billetes de a dólar –que por sí no son consumibles-, sino por tantas piezas de pan o un par de zapatos; y si el pan o los zapatos son mercancías porque son cambiables, aquello que se da en cambio -el trabajo- tiene que ser del mismo género, es decir, mercancía.

    Y quienes argumentan en la forma que estamos analizando, no son capaces de quitar al trabajo su condición de mercancía, porque la única consecuencia que sacan es la de que su precio no sea fijado por el mercado, sino determinado autoritariamente sobre otras bases; con lo que el salario, fijado de una o de otra manera, sigue siendo la retribución que se paga por un servicio y este servicio sigue siendo una mercancía.

    Si en un sistema legislativo se considera que, por dañino, debe restringirse e1 uso de las bebidas alcohólicas o del tabaco y se prohíbe que sean vendidos a menos de determinado precio, esto no les quita a tales bebidas o tabaco su carácter de mercancía, como tampoco les quita ese carácter a las medicinas el hecho de que se fijen para ellas precios topes que las hagan más baratas.

    Y no vemos en qué ofenda a la dignidad de la persona humana el que la retribución del trabajo del hombre se determine por los mismos métodos que la retribución por los ladrillos o las lechugas; como tampoco se ve ofendida esa altísima dignidad por el hecho de que un hombre sea pesado en la misma báscula y con la misma escala de peso que una res o un costal de harina, ni porque se mida con el mismo metro, ni porque se cuente con los mismos números a los hombres, a los animales y a las cosas inanimadas.

    Y esto porque no es el Hombre -así con mayúscula- lo que se paga con el salario, sino unos ciertos servicios prestados por un hombre. Ni el jornalero vende su persona al patrón, ni el bolero enajena la suya en jirones a cada uno de los clientes a quienes sirve, ni el pintor la da en sus cuadros, ni el violinista en sus audiciones. No se ofende la dignidad de Platón porque podamos comprar en $1.00 una edición popular de sus Diálogos; y si compramos una Biblia en $5.00 no por eso estamos valuando la palabra de Dios en menos que un kilo de carne; simplemente porque al comprar los libros no estamos adquiriendo para nuestra propiedad ni la digna persona de Platón, ni la santísima del Espíritu Santo.

    Y es curioso que quienes tan bravamente defienden la dignidad de la persona sean quienes la ofenden; pues si consideran que el trabajador que recibe menos del “salario familiar” ve herida su dignidad, pero que si recibe ese “salario familiar” pongamos $37.50-, queda con su dignidad satisfecha, resulta de allí que esos señores valúan la dignidad de la persona humana en $37.50. Así un argumento tan espiritual y elevado a primera vista, exhibe, visto de cerca, el más craso materialismo.

    En todo lo que se vende está contenido un trabajo humano, mayor o menor, de esta o de la otra clase. Y por consiguiente, en todo precio está comprendida la retribución del trabajo. Si yo fabrico sillas con mis propias manos y con materiales adquiridos por mí y las llevo a vender al mercado, lo que yo venda puede ser llamado mercancía sin ofensa de nadie, y su precio -en el que está incluida la retribución de mi trabajo-, puede ser regulado por la ley de la oferta y la demanda sin agravio de la dignidad humana; pero si me pongo a fabricar esas mismas sillas a jornal para un empresario, entonces mi trabajo, que es exactamente el mismo –aunque disminuido – del esfuerzo de ir a traer los materiales y de llevar el producto al mercado- adquiere un especial nimbo de gloria que prohíbe que se le dé el vil nombre de mercancía, y su retribución ya no puede ser regida por la oferta y la demanda sin que se agravie mi dignidad personal. Esto no lo entiendo, y quedaré muy agradecido a quien me haga el favor de explicármelo.

  4. Muchas gracias por tu comentario Alberto.
    Totalmente de acuerdo. Por alguna razón, históricamente se ha visto como al empresario (que también se le puede llamar capitalista, inversionista, etc) como el “malo” de la película, “explotando” a sus pobres trabajadores. Nada más alejado de la realidad. Sin empresarios, al menos en una economía basada en “fábricas” el trabajo simplemente no existe.
    Estoy totalmente en contra de cualquier interferencia gubernamental en el sistema de precios, y el salario es uno de ellos.

  5. ¡Claro está! Sin embargo, no tan claro para todo el mundo. Me gustaría añadir algo más sobre la “dignidad” en el ámbito del salario mínimo. Hay otro ámbito, total mente diferente y sin relación, con la cuantía del salario, en el que sí debe considerarse la dignidad inapreciable del trabajo. Es en la relación propiamente humana y no económica de los hombres entre sí; es en la actitud espiritual que el hombre adopta frente a sí mismo y frente a los demás.

    Cuando el hombre empieza por verse a sí mismo sólo como una entidad productora de riqueza, y a estimarse en tanto cuanto es capaz de producir en bienes de fortuna, de manera que se siente inferior cuando es pobre y se llena de orgullo cuando rico, entonces ha degradado su dignidad humana, porque está, valuando lo eterno -su persona- con la misma moneda con que se valúa lo transitorio.

    Y si empieza por esto, sigue inevitablemente por apreciar a los demás por lo que le producen o pueden llegar a producirle. Halaga al rico y desprecia al pobre; ve en el amigo no a un alma hermana sino a un cliente o un futuro benefactor; ve en su dependiente no a un semejante sujeto a sus mismas debilidades, a sus mismos dolores y a sus mismas angustias, sino a una maquina más o menos apta para su servicio; confunde la caridad con la mera beneficencia y cree haber sido caritativo cuando ha entregado bienes materiales, sin detenerse a considerar si no ha herido los sentimientos del individuo a quien pensó favorecer.

    Pero esto no tiene que ver con la cuantía de la retribución pecuniaria. El patrón que humilla o desprecia a sus empleados, hiere su dignidad aunque les pague esplendidos sueldos.

    El trabajo, en cuanto es vida humana y, por serlo, pertenece a la dignidad de la persona, es impagable con ningún salario, por elevado que sea, ya que todo el oro del mundo no basta a pagar un hombre. Mis trabajadores están realizando vida en sus labores; y al prestarlas para una obra mía, están entrelazando sus vidas con la mía, están integrando de alguna manera mi propia vida. Esto no lo puedo retribuir sino con moneda de eternidad es decir, con respeto, afecto y gratitud.
    Me gustaría ver la opinión de “Diego” sobre este cambio que le di al tema.

  6. GRISELDA PUENTE CAMPOS

    SI EL SALARIO MINIMO NO ES SUFICIENTE PARA MANTENER UNA FAMILIA MINIMO DE 4 PERSONAS NO ES JUSTO.REQUIERE DE REVISION Y EVALUACION.
    SI LOS POLITICOS TIENEN SALARIOS MUY POR ENCIMA DE LOS SALARIOS MINIMOS DE SU PAIS DEBEMOS PEDIR LA REVISION Y EVALUACION DE LOS MISMOS,DE MANERA QUE LA DESIGNACION DE SALARIOS DE ELLOS SEA DETERMINADA POR UN CONSEJO CONSULTIVO CIUDADANO -GOBIERNO.SI LA OFERTA Y DEMANDA SON TOMADAS EN CUENTA DEBERIAN DE TENER UN SALARIO MAS JUSTO Y CERCANO A LA REALIDAD DE SU PRODUCTIVIDAD.DEBERIAN DE TENER UN TOPE DE TIEMPO DE SERVICIO PARA TENER UNA RENOVACION DEL PERSONAL POLITICO Y DE IDEAS NUEVAS.QUE SE RETIREN ANTES DE REBASAR LOS 60.QUE NO SE ESTANQUEN EN UNA CURUL,QUE SE INCORPOREN A LA PRODUCTIVIDAD SEGUN SU EDUCACION.QUE LOS EMPRESARIOS DEN UN BONO ANUAL SEGUN LAS GANANCIAS ECONOMICAS BASADAS EN LA PRODUCTIVIDAD DE SU PERSONAL.QUE LOS BENEFICIOS LLEGUEN A LOS TRABAJADORES NO SOLO A LOS EMPRESARIOS.
    DEBEMOS PRESIONAR A LOS GOBIERNOS PARA QUE SE APOYE AL CAMPO Y SEAMOS AUTOSUFICIENTES EN LA PRODUCCCION PARA NUESTRO CONSUMO DE LOS PRODUCTOS BASICOS PARA REDUCIR EL GASTO EN IMPORTACIONES.

  7. Dios… Leyendo los comentarios de los otros participantes me sentí honestamente cohibido. Sin embargo, supongo la idea es compartir la diversidad de opiniones, así que les comparto la mía.

    El salario mínimo es un valor arbitrario que supuestamente busca que nadie gane menos que eso. Preguntemos a una trabajadora doméstica de una casa de clase media cuanto gana y veremos que en realidad es una falacia.

    Desde el momento que es arbitrario, es injusto. Pero quiero aclarar algo: ES INJUSTO TANTO PARA EL EMPLEADO COMO PARA EL PATRÓN.

    A qué me refiero: Para que fuese justo, debería garantizar un nivel de vida digno para quien dedique toda su jornada laboral a trabajar con ahínco y responsabilidad… y la realidad es que 1,800 pesos lo que te garantizan es trabajar pensando en cómo llegarás a la próxima quincena, cómo pagarás la hipoteca, cómo podrías ganar un dinero extra.

    ¿Y una persona que tiene esas preocupaciones en mente puede estar concentrada mientras trabaja? Claro que no. Así que el patrón tampoco está recibiendo el trabajo dedicado y eficiente por el cual está pagando.

    ¡Pero la solución no está en subir el salario mínimo por ley! El patrón tiene que generar primero el dinero con el cual se le pague al empleado. Yo no sé mucho de teorías económicas como las que leía anteriormente… pero sé que hay una ley física universal: la materia no se crea ni se destruye, es decir, el dinero no sale de la nada. Si el patrón no tiene dinero, no puede pagarle al empleado.

    Mi conclusión es que el problema de la justicia del salario mínimo es irresoluble. Tiene que existir para evitar abusos y buscar cierto nivel de equidad, pero es poco realista pensar que pueda llegar a ser justo.

    Está en las manos de trabajadores y empleados hacer crecer la empresa para así poder mejorar la perspectiva de los empleados… Y en los valores y principios de los patrones otorgar un salario justo a sus empleados.

    Saludos desde el Mayab.

    • Mauricio, creo que este análisis, que aunque largo, te ayudará a centrar más tus ideas que en el fondo son correctas pero necesitan ser pulidas.
      Oímos decir que el trabajo es inherente a la dignidad de la persona humana y que, por ello, no es una mercancía y su retribución no debe quedar sujeta a la ley de la oferta y la demanda.

      Analicemos este argumento.

      Si consideramos el trabajo del hombre en relación con su retribución en dinero, ¿qué otra cosa puede ser sino mercancía? Dentro de un sistema de intercambio de cosas y servicios, en el que el dinero es un símbolo de valor
      o un común denominador para facilitar las operaciones, solo podemos concebir cosas intercambiables, o sea mercancías. Si un hombre acepta trabajar por un jornal de $1,800 pesos está cambiando su trabajo de un día, no por 1,800 monedas de a peso –que por sí no son consumibles-, sino por tantas piezas de pan o un par de zapatos; y si el pan o los zapatos son mercancías porque son cambiables, aquello que se da en cambio -el trabajo- tiene que ser del mismo género, es decir, mercancía.

      Y quienes argumentan en la forma que estamos analizando, no son capaces de quitar al trabajo su condición de mercancía, porque la única consecuencia que sacan es la de que su precio no sea fijado por el mercado, sino determinado autoritariamente sobre otras bases; con lo que el salario, fijado de una o de otra manera, sigue siendo la retribución que se paga por un servicio y este servicio sigue siendo una mercancía.

      Si en un sistema legislativo se considera que, por dañino, debe restringirse e1 uso de las bebidas alcohólicas y se prohíbe que sean vendidas a menos de determinado precio, esto no les quita a tales bebidas su carácter de mercancía, como tampoco les quita ese carácter a las medicinas el hecho de que se fijen para ellas precios topes que las hagan más baratas.

      Y no vemos en qué ofenda a la dignidad de la persona humana el que la retribución del trabajo del hombre se determine por los mismos métodos que la retribución por los ladrillos o las lechugas; como tampoco se ve ofendida esa altísima dignidad por el hecho de que un hombre sea pesado en la misma báscula y con la misma escala de peso que una res o un costal de harina, ni porque se mida con el mismo metro, ni porque se cuente con los mismos números a los hombres, a los animales y a las cosas inanimadas.

      Y esto porque no es el Hombre -así con mayúscula- lo que se paga con el salario, sino unos ciertos servicios prestados por un hombre. Ni el jornalero vende su persona al patrón, ni el bolero enajena la suya en jirones a cada uno de los clientes a quienes sirve, ni el pintor la da en sus cuadros, ni el violinista en sus audiciones. No se ofende la dignidad de Platón porque podamos comprar en $10.00 una edición popular de sus Diálogos; y si compramos una Biblia en $5.00 no por eso estamos valuando la palabra de Dios en menos que un kilo de carne; simplemente porque al comprar los libros no estamos adquiriendo para nuestra propiedad ni la digna persona de Platón, ni la santísima del Espíritu Santo.

      Y es curioso que quienes tan bravamente defienden la dignidad de la persona sean quienes la ofenden; pues si consideran que el trabajador que recibe menos del “salario familiar” ve herida su dignidad, pero que si recibe ese “salario familiar” pongamos $1,800-, queda con su dignidad satisfecha, resulta de allí que esos señores valúan la dignidad de la persona humana en $1,800. Así un argumento tan espiritual y elevado a primera vista, exhibe, visto de cerca, el más craso materialismo.

      En todo lo que se vende está contenido un trabajo humano, mayor o menor, de esta o de la otra clase. Y por consiguiente, en todo precio está comprendida la retribución del trabajo. Si yo fabrico sillas con mis propias manos y con materiales adquiridos por mí y las llevo a vender al mercado, lo que yo venda puede ser llamado mercancía sin ofensa de nadie, y su precio -en el que está incluida la retribución de mi trabajo-, puede ser regulado por la ley de la oferta y la demanda sin agravio de la dignidad humana; pero si me pongo a fabricar esas mismas sillas a jornal para un empresario, entonces mi trabajo, que es exactamente el mismo –aunque disminuido – del esfuerzo de ir a traer los materiales y de llevar el producto al mercado- adquiere un especial nimbo de gloria que prohíbe que se le dé el vil nombre de mercancía, y su retribución ya no puede ser regida por la oferta y la demanda sin que se agravie mi dignidad personal. Esto no lo entiendo, y quedaré muy agradecido a quien me haga el favor de explicármelo.

      Hago notar que me ocuparé por ahora en refutar otras razones que quizá pudieran aducirse para excluir del juego de la oferta y la demanda la fijación de los salarios. Sólo pretendo aquí que se expulse del estudio del problema una idea, impertinente e intrusa: la de la dignidad de la persona humana, que nada tiene que hacer en él y sirve nada más para crear confusión y obscurecer el estudio.

      Pero hay otro ámbito, total mente diferente y sin relación, con la cuantía del salario, en el que sí debe considerarse la dignidad inapreciable del trabajo. Es en la relación propiamente humana y no económica de los hombres entre sí; es en la actitud espiritual que el hombre adopta frente a sí mismo y frente a los demás.

      Cuando el hombre empieza por verse a sí mismo sólo como una entidad productora de riqueza, y a estimarse en tanto cuanto es capaz de producir en bienes de fortuna, de manera que se siente inferior cuando es pobre y se llena de orgullo cuando rico, entonces ha degradado su dignidad humana, porque está, valuando lo eterno -su persona- con la misma moneda con que se valúa lo transitorio.

      Y si empieza por esto, sigue inevitablemente por apreciar a los demás por lo que le producen o pueden llegar a producirle. Halaga al rico y desprecia al pobre; ve en el amigo no a un alma hermana sino a un cliente o un futuro benefactor; ve en su dependiente no a un semejante sujeto a sus mismas debilidades, a sus mismos dolores y a sus mismas angustias, sino a una maquina más o menos apta para su servicio; confunde la caridad con la mera beneficencia y cree haber sido caritativo cuando ha entregado bienes materiales, sin detenerse a considerar si no ha herido los sentimientos del individuo a quien pensó favorecer.

      Pero esto no tiene que ver con la cuantía de la retribución pecuniaria. El patrón que humilla o desprecia a sus empleados, hiere su dignidad aunque les pague esplendidos sueldos.

      El trabajo, en cuanto es vida humana y, por serlo, pertenece a la dignidad de la persona, es impagable con ningún salario, por elevado que sea, ya que todo el oro del mundo no basta a pagar un hombre. Mis trabajadores están realizando vida en sus labores; y al prestarlas para una obra mía, están entrelazando sus vidas con la mía, están integrando de alguna manera mi propia vida. Esto no lo puedo retribuir sino con moneda de eternidad es decir, con respeto, afecto y gratitud.
      Saludos de
      BarNasha

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