El Valor de los Pronósticos

Los pronósticos. Esos numeritos tan gustados por meteorólogos, economistas, directivos de empresas, políticos y cronistas deportivos que esencialmente sirven para dar la visión del futuro del que los hace.
¿Cuál es la falacia del caso? Que nadie, independientemente de su experiencia o de lo avanzado de sus “modelos” o sistemas computacionales puede predecir el futuro. Si así fuera, ¿no usarían todos los recursos a su disposición para beneficiarse de su conocimiento en vez de alardear sobre ellos en los noticieros y periódicos?
Todos los pronósticos comparten un par de cosas en común: si aciertan, quien los hizo queda como un experto; si fallan, se culpa al “modelo” (o al árbitro, a la economía, o a X) y se pasa a otra cosa (generalmente a hacer más pronósticos).
Hay pronósticos inocentes, como los deportivos, les llamo inocentes porque si fallan no pasa nada, si acaso uno que otro fanático enojado porque perdió la apuesta con su amigo.
También hay pronósticos y pronosticadores peligrosos, a ellos está dedicado este post.
Para mí, un pronosticador peligroso es aquel cuya opinión sobre el futuro puede cambiar el destino de un producto, una empresa, o incluso un país. Un pronosticador peligroso es el que usa las herramientas a su alcance (ya sea tecnológicas o vivenciales) para predecir el futuro y tomar decisiones al respecto.
¿Un ejemplo? El precio del petróleo en México. Nadie sabe cómo, pero tanto el Presidente como el Congreso estiman adivinan el precio en que se va comprar el petróleo mexicano en los próximos meses.  Dada la importancia de este recurso, queda claro que una adivinanza equivocada podría tener consecuencias desastrosas para el país entero. ¿Qué alternativa propongo? Que el precio del petróleo deje de ser moneda de cambio política y se deje al libre mercado determinar su precio. Claro,eso implicaría reformar PEMEX para reducir nuestra dependencia al petróleo, aunque eso sería muy sano para el país.
Otro pronóstico peligroso: la estimación de crecimiento de la economía. Por ejemplo; para 2010, la mayoría de los economistas pronosticaban que la economía mexicana (medida a través del PIB) crecería al 4.5%. Resulta que México creció 5.5% en 2010. A primera vista, 1% no es importante, pero cuando hablas de la economía de un país entero, estás hablando que les falló el cálculo por miles de millones de dólares. ¿Ves la implicación de esto? Empresas cambiaron sus planes de inversión, de contratación de personal, e incluso de producción, pensando que la economía crecería “sólo” 4.5%. ¿Qué significa para ti o para mí como individuos? En realidad, estos números no significan nada. Ni para nosotros, ni para las grandes empresas. El problema es que se actúa como si fueran la panacea y se toman decisiones basándose en números arbitrarios.

¿Cuál es mi propuesta? Que ignoremos los pronósticos. Que nos dediquemos a lo nuestro. A trabajar, a crear valor, a modificar las cosas sobre las que tenemos control. Todos los días vamos a oír noticias sobre si subió o bajó la bolsa/dólar/inflación/desempleo, etc. Esta información no sirve absolutamente para nada. Ahora bien, si tu actitud  cambia porque subió el dólar o si te angustias porque se dice que subió la inflación, entonces estás en un problema. Enfócate en lo que puedes cambiar y cámbialo, por lo demás, los analistas pueden decir lo que quieran.

¿O no?

Sígueme en Twitter: @miguelggarcia

Publicado el 04/27/2011 en Economía y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Interesante tu punto de vista, lo comparto de cierta manera. Sin embargo creo que mas peligroso es aun quien basa totalmente sus planeación en funcíon de esas cifras. Un pronostico siempre trae consigo un factor de error, si alguién no toma en cuenta esa cuestión entonces sí los resultados pueden ser mas desastrosos. Nadie mejor que uno conoce lo que esta en su control, desde mi punto de vista esa es la única forma de manejar ese error.

  2. Aquí estamos frente a un problema de fe. Esto es, creer lo que los “expertos” dicen sólo porque son expertos. Y son expertos en todo. Pronostican y pre-ven el futuro. Y muy pocas veces les resulta y cuando les resulta es porque de acuerdo a las leyes naturales (entre ellas el libre mercado) debía resultar así. Es curioso que sin darse cuenta hagan un acto de fe, creer firmemente en los pronósticos de estos “sabios”. Y lo más curioso es que ponen su fe en “brujos” modernos y no pueden poner su fe en sí mismos. Es un desconocimiento de lo que es la fe y un desconocimiento de sí mismos.
    ¿Qué es la fe? Habré de responder que la fe es una concentración clara y definida de la razón, puesta en un objeto determinado y servida por una voluntad firme y decidida. Para ello se requiere una creencia clara y racional de que algo es posible, aunque parezca muy difícil, y una valoración tan alta del fin propuesto que haga que a su logro se subordine todo otro propósito. Si se dan estas condiciones, se logra el fin indefectiblemente. Por esto se dice que “la fe obra milagros” y que “querer es poder”. Y para esto hay que tener confianza en Dios, que es confianza en nosotros mismos, confianza en las incalculables potencialidades que llevamos dentro dormidas e inactivas. Confiar en Dios es confiar en mí. Yo no puedo decir que tengo confianza en Dios y desconfianza de mí mismo; porque Dios obra en el hombre a través del hombre mismo, porque si a Dios lo tenemos dentro de nosotros, tener confianza en él, no permite tener des¬confianza de nosotros. Si el Padre está en mí y yo estoy en él; si el Padre y yo somos la misma cosa, la fe en Dios es fe en mí. Y nada más que en mí. Por lo tanto si “creo” fuera de mi razón estoy haciendo un acto indebido contra mí y mi propia estructura mental (razón). Por eso el viejo dicho “la fe mueve montañas”. Nunca olvidar que Dios no puede hacer lo que yo no puedo hacer. Y que Dios sólo puede hacer lo que yo quiero hacer.
    Mi consejo a los “creyentes” en pronósticos y “futuristas” de la política y del mercado es que se respeten a sí mismos y dejen de creer en “brujería” y empiecen a creer en Dios, esto es en sí mismos como la obra más grande del universo y por lo tanto aceptar de todo corazón que nada ni nadie puede pronosticar un tsunami o un terremoto, nada ni nadie puede predecir el comportamiento en un mercado libre, porque entonces se estarían violando las leyes inmutables de la naturaleza. Y eso va en contra de la naturaleza divina del hombre. Ser supremo y núcleo del universo.
    Miguel, estás en lo correcto. Al darte esta opinión en ningún momento pretendo enmendarte la plana, sino reafirmarte en tu fe.
    “Si non modo ¿cur aliquando? Si aliquando cur non modo.”

    • Muchas gracias por tu comentario, Alberto. Mi esposa y yo tuvimos una plática similar con el tema de la fe.
      Totalmente de acuerdo, necesitamos reafirmar nuestra fe en Dios y en nosotros mismos como humanidad, que siempre buscamos el ser mejores en lo individual y en lo colectivo.
      Saludos!

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