Las esperas y tu personalidad

Patience on the Rocks

La música de espera (o “hold” en inglés). Aquella inevitable grabación que escuchamos cuando contactamos vía telefónica a los números de atención a clientes de las empresas a las que adquirimos (o pensamos adquirir) algún producto o servicio. Usualmente, después de un par de minutos, el tono de la música cambia y escuchamos algo similar a “gracias por su paciencia, su llamada es muy importante para nosotros”, después del cual la música retoma su tono original.

Lo interesante del caso es que la música de espera es el equivalente telefónico a hacer fila en un banco, o a manejar en el tráfico lento, situaciones que, en mi opinión, revelan la verdadera personalidad de un individuo.

Si no me crees, obsérvate a ti mismo(a) u observa a los demás la próxima vez que estés en una situación de este tipo.

Te aseguro que verás a alguien estresado, molesto, inquieto o ansioso. Quizá verás a alguien más con cara de fastidio, a alguien gritando en el celular quejándose de la situación. La realidad es que las esperas son una verdadera prueba de paciencia.

La pregunta es: ¿porqué estresarse? ¿Va a cambiar algo? ¿El tráfico o la fila se va a mover más rápido si una persona (o cien) se enoja? ¿Un operador telefónico va a contestar más rápido o más eficientemente si su interlocutor está enojado?

En lo absoluto.

Lo que sí va a pasar es que esa persona va a ver alterada su tranquilidad y su día por un hecho totalmente fuera de su control. Probablemente va a tratar de “desquitarse” con la siguiente persona que se ponga en su camino o  incluso se lo comente a sus 500 amigos en Facebook. Todo esto, ¿para qué?

Veamos una alternativa. Todos los días sale el sol, un hecho totalmente fuera de nuestro control que, sin embargo, lo aceptamos como tal y seguimos nuestra vida sin alterarnos por que el sol salió en la mañana.

¿Porqué aceptar la salida del sol y no otros hechos fuera de nuestro control?

Yo creo que tiene que ver con la manera en que fuimos educados desde pequeños. Nos acostumbramos a recibir atención cuando hacíamos “berrinche” y ahora seguimos haciéndolo, pero lo único que logramos es dañarnos a nosotros mismos y a alterar la tranquilidad de todos los que nos rodean o reciben nuestros corajes.

Piénsalo, la próxima vez que te veas estresándote por una situación fuera de tu control imagina el sol saliendo y cómo lo aceptas. Te sentirás mejor.

Me pueden encontrar en Twitter en @miguelggarcia

Publicado el 03/21/2011 en Lecciones de Vida y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. ¡Excelente Post! Lo único que puedo comentar a esto es una frase que mi padre me decía , una y otra vez, cada vez que se me presentaba una situación como la que describes: “Nunca olvides que nada ni nadie te puede hacer infeliz..sin tu consentimiento” o también: nada ni nadie te puede hacer feliz sin tu consentimiento. Toda la predica de Jesús de Nazareth estuvo encaminada a crear en la conciencia de los seres humanos que son individuos y por lo tanto no están sujetos a las reglas de la masa. Tienen el poder de gobernar su entorno. Entonces ¿por qué ser infeliz cuando está en nuestro poder ser feliz? O, traducido a una frase de un gran filósofo mexicano del siglo XX Mario Moreno, quién dijo: “Es mejor estar rico y sanote que pobre y amolado”
    ¡Salud y Cara Al Sol!

  2. Creo que el “problema” de la felicidad es que no ha sido completamente entendido por la mayoría de la población mundial. Jesús de Nazareth se pasó su corta vida haciendo saber al hombre que debe aceptar el riesgo y la responsabilidad de ser individuo (uno y solamente uno); que el reino de los cielos (la felicidad en la vida) está en el interior del alma de cada uno y que cada uno ha de esforzarse por entrar en él; que el hombre no está sujeto a leyes eternas ni a autoridades superiores, sino que ha de regirse por la razón aplicada a la realidad, y especialmente a la rea-lidad de su propia naturaleza humana; que sólo puede ser feliz superando sus sentimientos de culpa, de rencor, de codicia y de envidia, de los que él es único juez y parte; y que así podrá vencer la angustia e identificarse con Dios, amoroso padre que lleva dentro de sí.

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