Entre el “Tener” y el Querer

Frecuentemente nos encontramos con decisiones que, incluso sin darnos cuenta, afectan la percepción que tenemos sobre nosotros mismos y la forma en que vivimos la vida.

Veamos algunos ejemplos.

Cuando tienes un trabajo que no te gusta y al que, sin embargo, no renuncias porque “tienes” que trabajar, cuando “tienes” que asistir a la fiesta de aquella persona a la que ni conoces -0 peor, te cae mal-, cuando “tienes” que vestirte de tal o cual forma, cuando “tienes” que casarte o tener hijos o cuando “tienes” que hacer X, Y o Z estás viviendo la vida de acuerdo a lo que los demás esperan de ti. Eso es un gran error.

Cuando haces algo porque lo “tienes” que hacer, estás dejando que los demás decidan por ti. ¿Porqué habrías de ir a esa fiesta si tú no quieres? ¿Porqué habrías de hacer X, Y o Z si no es algo que a ti te interese? ¿Simplemente para complacer a los demás?

En el corto plazo, esa complacencia quizá resulte un un agradecimiento de los demás, o quizá no puesto que es lo que esperaban de ti, al final de cuentas, era lo que “tenías que hacer”, ¿no crees? ¿Te has puesto a pensar cómo podría ser tu vida si permites que tus acciones sean motivadas por lo que los demás esperan de ti?

Por ejemplo, seguramente conoces a alguien que estudió una carrera profesional (típicamente leyes o medicina) porque sus padres eso querían de él. Profesionalmente podrían ser exitosos, pero personalmente están ejerciendo (o estudiando) una carrera que les disgusta y que los hace miserables.

Lo mismo pasa con acudir a la iglesia (cualquiera que sea): los padres lo inculcan como una obligación, como algo que se “tiene” que hacer. ¿El resultado? Jóvenes desinteresados por acudir a algún templo que tan pronto tienen posibilidad de decidir por sí mismos, nunca ni siquiera ponen un pie ahí.

Lo mismo con la lectura. Se nos enseña a leer para pasar exámenes, no para aprender más sobre el mundo o para expandir nuestro conocimiento. ¿El resultado? Un país que no lee.

Pero regresemos a ti.

El otro lado de la moneda es el “querer”. Tú asistes únicamente a las fiestas a las que quieres asistir, das únicamente regalos que en verdad quieres regalar, hablas sólo con quien de verdad quieres hablar. ¿El resultado? Mejores relaciones personales, regalos honestos -no hipócritas, lazos de amistad profundos y duraderos -no falsos. Claro, habrá quien al principio te tache de “egoísta”, aunque te aseguro que con el tiempo la gente a tu alrededor se dará cuenta de que eres una persona auténtica, libre de tomar tus propias decisiones y sin el peso de “mantener las apariencias”.

¿Cómo lo sé?

A mi me pasó. Con el tiempo he aprendido a hacer sólo aquello que en verdad quiero (aunque como tú, soy humano y a veces me equivoco y caigo en el “tengo”, aunque cada vez con menos frecuencia) y si se me presenta una situación que parece que “tengo” que hacer, me detengo un momento y analizo las posibles consecuencias de no hacerlo, si pudieran ser negativas o de un efecto duradero, entonces decido hacerlo por mi propia voluntad, pero no porque lo tengo que hacer, sino porque así lo quiero.

Publicado el 01/30/2011 en Lecciones de Vida y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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